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A esta familia le prohibieron regresar a su país con su perrita, tuvieron que dejarla atrás

La pequeña pasó por 3 hogares de acogida hasta que por fin su familia logró traerla de vuelta a casa.

La familia Eilbeck vivió una de esas maratones titánicas que pensamos que solo podemos ver en películas. Desde hace cuatro años, Zoe, Guy y sus dos pequeños hijos tomaron la decisión de dejar su cómoda vida en Australia, lugar del que son originarios, para navegar en su catamarán Lagoon400 en una travesía planeada por las costas de Europa, el caribe y las costas de Estados Unidos.

 

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En 2018, durante una de las paradas en un puerto de Sicilia, Italia, una nueva integrante se unió a la tripulación: Pipsqueak, una perrita salchicha que adoptaron sin pensarlo demasiado y que se adaptó de inmediato a la vida entre mareas altas y bajas. Su viaje continuó hasta que, en marzo de este año, la pandemia por Coronavirus cambió todos los planes y puso a la familia en un avión con un vuelo humanitario de urgencia hacia su natal Australia, pero, sin la peludita.

 

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La travesía se acabó y los problemas empezaron.

A finales de marzo, el virus golpeó con toda su fuerza a Estados Unidos, país en el que se encontraba la familia Eilbeck después de un largo recorrido por varios de sus estados costeros. Hilton Head Island en Carolina del Norte, fue la última ciudad que los recibió cuando, de repente, las fronteras se empezaron a cerrar.

 

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Con menos de 48 horas para poder salir del país en un vuelo humanitario, Zoe, Guy y los niños empacaron lo que pudieron de su bote. Con unas cuantas pertenencias, dejando el catamáran sellado en el puerto, la familia viajó hacia Los Ángeles donde los esperaba su boleto de destino a casa.

Hasta ese punto todo parecía salir conforme a los planes de último minuto, sin embargo, el verdadero problema vino cuando se enteraron que, debido a las estrictas condiciones de retorno a Australia y la importación de mascotas clausurada por la situación, Pipsqueak no podría salir del país con ellos.

 

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Para ese momento, la familia era optimista y pensaban que después de unos días, Pip, como le dicen cariñosamente, podría viajar y estar con ellos de nuevo en Australia, pero, en ese momento empezó una maratón increíble que solo terminó hasta agosto cuando la peludita pudo volver con sus padres y con sus hermanos, cinco meses después de lo planeado.

Hogares de acogida, cuarentenas y mucha espera.

Aunque Zoe era consciente de todo el papeleo que tendrían que hacer para llevar a Pip de vuelta a casa, nunca se imaginó lo tortuoso que sería el camino hasta volver a tenerla en sus brazos. En el momento de su vuelo humanitario, la familia tuvo que buscar soluciones inmediatas para encontrar un hogar de acogida que pudiera brindarle amor, cariño y comida a la perrita hasta su próximo encuentro. De inmediato, la mujer llamó a Lynn Williams, una gran amiga que aceptó con gusto cuidar a la linda peludita.

 

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La despedida fue dura, tanto como el viaje de ocho horas por carretera que tuvo que asumir Zoe para llevar a Pip a ese lugar seguro de vuelta en Carolina del Norte. La peludita quedó en manos de Lynn y la mujer pudo volver al aeropuerto donde ella y su familia tomaron el vuelo con destino a Sídney.

Desde ese momento, la vida de la perrita cambió por completo. Aunque estaba acostumbrada a vivir entre las olas y los botes, tuvo que adaptarse rápidamente a convivir con nuevos amigos: los bisontes de la granja en la que la recibió Lynn Williams, quien a diario enviaba fotos a la familia para mantenerla informada del estado de su hija peluda.

 

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Pip pasó de vivir en un velero a vivir en una granja de bisontes. Eso es algo que realmente me suena divertido. –Dijo Zoe a CNN Travel.

A pesar de estar en un lugar seguro, un nuevo inconveniente llegó: Lynn no dimensionó el tiempo que podría tardarse la partida de Pip y se dio cuenta de que no iba a poder tenerla por mucho que lo quisiera. En ese momento y habiendo hablado con los Eilbeck, decidió poner un anuncio para buscar otra familia de acogida. La solicitud de Ellen Steinberg y su perrito Frankly, que vivían a pocos minutos en el condado de Hillsborough, fue una de las primeras en llegar.

El trato era que Pip decidiría con quién se iría a vivir. Nosotros ganamos el sorteo y Pip vino unos días después. – Comentó Ellen a CNN Travel.

 

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En ese momento, Ellen pensó que la familia que había dejado a Pip lo había hecho por razones egoístas, por lo cual, pasó varios días molesta por la forma en la que la perrita había terminado bajo su cuidado, sin embargo, después de aclarar la situación, la mujer se volvió uno de los mayores apoyos en el proceso de regreso a casa.

Con ella, Zoe encargó varias de las citas médicas y los exámenes que la pequeña perrita necesitaba para el proceso de importación.

A pesar de la diligencia con la que la familia trataba el caso, muchos de los trámites empezaron a retrasar su regreso y los meses fueron pasando entre discusiones por cómo volvería Pip a casa.

Desafortunadamente, por cuenta del COVID, sus papás no podrían volver por ella y tendría que viajar sola en un vuelo de carga.

 

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El momento llegó.

Ya estaba definido, Pip viajaría sola y su permiso para hacerlo ya estaba listo, sin embargo, la compañía en la que habían pensado que viajaría, no estaba aceptando a animalitos en sus vuelos y sin ella, no podría ir directamente a Australia, esto llevó a otra maroma, todo con tal de volver a verla.

Después de muchas averiguaciones, Zoe encontró una empresa aérea que llevaría a su perrita salchicha hasta Nueva Zelanda, el país más cercano al suyo.

Desde ese momento tuvo que enfrentar otro de los mil obstáculos que se habían puesto en su camino: el vuelo salía desde Los Ángeles, por lo cual, ella y Ellie se dedicaron a hallar a un voluntario o voluntaria que estuviera dispuesto a atravesar el país de costa a costa para llevar a la pequeña. No pasó mucho tiempo para encontrar a Melissa Young, voluntaria del refugio Sparky Foundation que dejó a la peludita en el avión de Jetpets a salvo.

 

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En todo el mundo se estaba viendo este vuelo a través de la pantalla. – Dijo Zoe a CNN Travel.

Finalmente, el 23 de julio, Pip llegó a Auckland, en Nueva Zelanda pero allí, tendría que guardar cuarentena durante 10 días para continuar su travesía hasta Melbourne. Después de esos días que parecieron eternos, Pip llegó a tierras australianas donde fue recibida por el hermano de Zoe para guardar otra cuarentena más.

Aunque su vuelo para, por fin, llegar a Sídney estaba programado para el 3 de agosto, se retrasó en varias ocasiones. Su familia estaba desesperada y no veían la hora de poder volver a verla. Ese momento llegó el 11 de agosto cuando medios locales y la aerolínea Virgin Australia cubrieron el esperado encuentro que ya se había hecho público en redes sociales de todo el mundo.

 

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Con el corazón en la mano, Guy, Zoe y sus hijos esperaron afuera de las instalaciones de carga hasta que, finalmente, vieron a la pequeña perrita bajar del avión, sostenida por una de las auxiliares de vuelo. El miedo estaba presente, los niños pensaban que no los iba a reconocer después de cinco meses de ausencia, sin embargo, ella corrió a ellos como siempre lo había hecho antes, un reencuentro emotivo que envolvió a todos en lágrimas.

A continuación el video del conmovedor encuentro:

Después de una travesía inolvidable, la familia Eilbeck recordará este año para siempre. Su catamarán quedó atracado al otro lado del mundo y ahora buscan venderlo para iniciar una nueva aventura marítima en Scotland Island, la isla a la que se mudaron con Pip como regalo de vida.

Fuentes: No Plans Just Options, Virgin Australia.