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La gatita más hermosa del mundo estaba sucia y con hambre en las calles

Todos los animales son hermosos, pero que esta historia sirva para hacer reflexionar a todos aquellos que prefieren comprar a adoptar un callejerito.

El hogar de Betty, estaba conformado por ella, su esposo y una adorable gatita adoptada. La pareja no tenían entre sus planes ampliar la familia, se sentían bien como estaban, pero como es poco lo que las personas podemos controlar sobre nuestro futuro, una gatita muy especial los estaba, literalmente, esperando a la vuelta de la esquina.

Instagram/fluffythepuppycat

Mugre andante.

Un día cuando salieron a hacer unas compras, vieron, por primera vez, a cierta distancia, un pequeño gatito, un manojito de pelos y suciedad moviéndose velozmente entre los estrechos callejones que conformaban las cuadras de su vecindario, ellos, amantes de los animales, no pudieron ser indiferentes y de inmediato siguieron al animalito con el ánimo de averiguar si era un callejerito o un gatito de casa.

A juzgar por su deteriorado aspecto, no tenía dueño, era un habitante de las frías y duras calles de su ciudad. Lo primero que pensaron fue que seguramente el gatito tendría hambre, por lo que trajeron un poco de la comida de su gatita y la dejaron en un lugar estratégico para que no se mojara y el gatito pudiera acceder a ella y alimentarse.

Instagram/fluffythepuppycat

El sucio peludito los miraba, desde cierta distancia, con desconfianza pero al mismo tiempo con curiosidad.

En los días siguientes, ninguno de los dos esposos pudo sacarse al callejerito de la cabeza, sabían que debían hacer algo porque no era justo que un ser tan pequeñito e indefenso estuviera soportando las inclemencias de la calle. Se preocuparon mucho de que tuviera frío pues esa época del año era helada, por lo decidieron hacerle un pequeño refugio, un resguardo constituido por una cajita y muchas mantitas que le ofrecieran algo de calor al gatito, pobrecillo.

Instagram/fluffythepuppycat

Ganándonos su confianza.

Con gusto, descubrieron al otro día que el callejerito se había metido a la cajita y estaba profundamente dormido, bien acurrucadito. Sin embargo, cuando los escuchó cerca, huyó, como solía hacer cada vez que ellos intentaban acercarse.

En ese instante se dieron cuenta de que les esperaba un largo camino para ganarse su confianza y poder llevarlo consigo a su hogar. No obstante, su voluntad era fuerte y no estaban dispuestos a rendirse hasta que ese animalito estuviera protegido y resguardado en su cálido y amoroso hogar.

En el transcurso de un par de semanas la rutina se estableció: tres veces por semana, bien tarde en la noche, salían con un plato de comida y lo dejaban siempre en el mismo lugar, también con una taza de agua limpia y potable. Se quedaban un buen rato llamando al gatito para que poco a poco, él los asociara al bienestar que le traía la comida y el agua. También para que se acostumbrara al sonido de su voz.

El primer progreso que hicieron fue el día que llegaron al lugar donde solían dejar la comidita y encontraron al gatito ya esperándolos, increíblemente, no solo estaba allí apostado, no huyó cuando ellos se acercaron, que felicidad, por fin un avance.

Está bien, me convencieron, voy con ustedes.

Pasados más días, el gatito lentamente les fue permitiendo que se acercaran más, incluso, que lo acariciaran. Era evidente que sentía miedo, prevención, pero se arriesgaba y se dejaba consentir. Parece que él mismo logro darse cuenta de lo buenas que eran las caricias.

Así estuvieron durante un tiempo más, pero al cabo de más o menos tres meses contados desde la primera vez que lo vieron, el gatito al fin y por cuenta propia los siguió hasta su casa. Era increíble, sabía que ellos los estaban invitando a pertenecer a su familia.

Una vez en casa, nunca más regresó a las horribles calles. Esa noche descubrieron que no era un gatito sino una preciosa gatita de pelo largo, tenía un ojo de un color y otro de otro lo que la hacía verse bellísima, pero una cosa resaltaba a la vista: necesitaba un baño con urgencia.

La noble gatita se dejo bañar, claro, ponía carita de: esto está bien? pero no ofrecía resistencia y cuando el hombre la tomó en sus brazos envolviéndola con una toalla caliente para secar su pelito, la gatita comenzó a ronronear muy fuerte, fue la primera vez que la vieron feliz.

Al otro día la llevaron al veterinario y como era de esperarse, tenía parásitos, problemas en la piel e incluso ácaros en los oídos, nada que no pudiera arreglarse con medicamentos básicos y mucho amor.

De monstrito a princesa.

Su transformación fue increíble tanto por dentro como por fuera.

Instagram/fluffythepuppycat

Pasó de ser un gatito sucio de la calle a la más hermosa princesa del mundo entero, de ser desconfiada y asustadiza a ser súper consentida, cariñosa y juguetona. No hay día en que la gatita no les demuestre cuan feliz está en su hogar y también cuanto los ama, a ellos dos y a su hermanita gatita, a quien a diario se le arrucha y abraza para dormir.

Sabemos que nunca le volverá a faltar nada y por eso estamos supremamente agradecidos, ojalá todos, todos los animalitos que viven en las calles tengan la suerte que tuvo esta adorable gatita.