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Abuelita lleva a su perrito en cochecito al parque a diario porque él no puede caminar

La abuelita de este perrito soñó con un milagro para que volviera a correr y cuando los sueños nacen de corazones tan puros se hacen realidad.

Una señora de generoso y compasivo corazón iba caminando por las calles de su vecindario cuando entre las cajas y bolsas de basura detectó un ligero movimiento, seguido de un sonido que de inmediato llamó su atención.

La dulce mujer se acercó al basurero y la idea que segundos atrás había cruzado por su mente, se materializó, sus temores fueron confirmados: se trataba de un perrito que había sido abandonado, descartado como descartaron un empaque de jugo usado o las sobras de la cena anterior.

SBSTV/Youtube

Una discapacidad, la excusa perfecta para el abandono.

Al sacar al perrito de la caja donde había sido abandonado, la mujer rápidamente comprendió que la razón del imperdonable abandono, obedecía a una notable y radical discapacidad que tenía el animalito, quien no podía mover sus patitas traseras. En general, su parte inferior no tenía funcionamiento.

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La abuelita se compadeció del estado de este perrito y sin pensárselo ni por un segundo, lo llevó consigo, supo que no podía dejarlo allí, ella no tenía el corazón helado que tuvieron las personas que lo abandonaron. Además los ojitos suplicantes del perrito por no quedarse allí solito nuevamente, le hacían absolutamente impensable contemplar esa opción.

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Fue así como esta bella pareja comenzó su conmovedora historia.

Añoranzas y sueños.

Los días pasaron y la tierna abuelita se ocupó de cuidar con todo el amor del mundo al perrito, a quien llamó Bong. Le hizo una camita con una caja al lado de la suya, todas las noches lo tapaba con varias cobijitas, asegurándose así que no pasara frío.

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Para que el perrito no se raspara al arrastrar sus patitas traseras, le cosió unos calcetines especiales, muy calientitos, también le hacía masajes para aliviar sus dolores y todos los días lo llevó al parque en una improvisada silla de ruedas, que en todo caso, no era más que un canasto metálico para hacer la compra.

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Tristemente, el perrito no podía correr con los demás peluditos, por lo que simplemente se quedaba desde la distancia viéndolos, soñando con poder experimentar la felicidad de esos juegos, donde perseguirse los unos a los otros es el principal objetivo.

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En las salidas, el perrito dejaba ver cuánto deseaba poder caminar y correr como los demás animalitos que veía, pero el resto del tiempo sus ojos solo expresaban el amor por su abuelita, la mujer que lo sacó de aquel basurero y que con tan dedicado amor lo cuidaba a diario.

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Ella por su parte no podía dejar de sentirse culpable de la situación de discapacidad de su querido Bong, consideraba que si una familia rica se lo hubiera encontrado en la basura y no ella, ya le habrían pagado un tratamiento médico que le permitiera correr, pero ella, de escasos recursos, no podía hacer nada más que cuidarlo.

Si hubiera sido adoptado por una familia rica ya estaría recuperado, tal vez es mi culpa por no tener dinero. Me siento mal por mi situación. – Le confesó entre lágrimas la bondadosa abuelita a SBS TV en una entrevista que el medio le realizó.

Lo que ella no sabía es que si su perrito hablara, sin lugar a dudas, le diría que ella es la abuelita perfecta, el ser más maravilloso e importante del mundo, porque con ese grado de amor ven los animalitos a las personas que los cuidan y quieren. Ellos no saben de dinero, ellos solo saben de amor.

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El adorable perrito añoraba correr, la bondadosa abuelita soñaba con hacer que un día su perrito pudiera jugar con los demás animalitos, también con llevarlo al mar para que con sus propias patitas pudiera percibir la increíble extensión del mundo. Ambos rogaban por un milagro.

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Anhelos hechos realidad.

Pasado el tiempo y sin saber muy bien cómo, la historia de Bong y su abuelita, llegó a oídos de una fundación animalista, quienes quisieron hacer algo por ambos.

En primera instancia, visitaron el hogar de la señora y el perrito, le llevaron una nueva cama, comidita y juguetes. Tras ver con sus propios ojos al perrito y tratando de identificar las causantes de la parálisis de Bong, decidieron que lo mejor era que un médico veterinario le practicara todas las pruebas necesarias para obtener un diagnóstico preciso de su condición.

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Por tal razón, agendaron, asumiendo todos los costos, una cita en una ciudad grande cercana, en donde un especialista lo vio y le dio a la mujer la mejor de las noticias, las palabras que tanto había deseado escuchar: la enfermedad del perrito era corregible a través de una cirugía.

La felicidad y las lágrimas invadieron a la mujer, quien abrazó con gran ternura a su perrito, sus sueños se haría realidad, Bong podría caminar.

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De manera muy generosa, la fundación se ofreció a pagar todos los gastos médicos de la cirugía y las terapias de acondicionamiento físico que el perrito necesitara.

Un hasta pronto, jamás un hasta nunca.

Para que el perrito pudiera ser operado, la abuelita y Bong debían separarse por algún tiempo, ya que el peludito tendría que estar en la ciudad, se le harían exámenes y una vez realizada la cirugía, necesitaba estar hospitalizado varios días para su recuperación, adicionalmente, al tiempo que tomarían las terapias.

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Esta parte de la noticia fue triste para la mujer, pues ella no quería separarse ni un segundo de su perrito, pero por supuesto estaba dispuesta a hacer cualquier sacrificio para lograr que se curara.

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Así fue como los voluntarios de la fundación se llevaron al pequeño animalito, la próxima vez que su abuelita lo viera para ambos la vida habría cambiado.

Afortunadamente todo salió bien. Al perrito lo cuidaron con mucho amor en la clínica veterinaria donde le fue practicada la cirugía y las terapias; fue difícil, pero poco a poco, paso a paso, el valiente Bong fue saliendo adelante.

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Una nueva vida.

Todavía no podía caminar bien, todos sabían que este sería un reto a largo plazo, pero al menos ya no arrastraba sus patitas.

Cuando la abuelita lo recibió y lo vio caminar, la felicidad fue absoluta. Ambos se miraron con absoluto amor y Bong la llenó de besos.

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La mujer fue entrenada para continuar con las terapias y ejercicios para lograr que en un tiempo el perrito pueda caminar bien, él nunca va ser del todo normal, pero su calidad de vida va a mejorar sustancialmente. Por fin podrá correr junto a sus amiguitos perrito en el parque.

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Por su parte, la adorable abuelita ya planea un largo paseo al mar, para que Bong sepa cuán grande es el mundo y camine por primera vez por la suave arena.

En el vídeo a continuación, puedes ver la increíble mejoría del perrito:

A Bong  y a su abuelita les deseamos la mejor de las suertes, esperamos que les queden muchos años por delante para caminar el uno al lado del otro.

Fuente: SBS TV Part I, SBS TV Part II.