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Todo parece indicar que no fuimos los humanos los que inventamos la democracia

«Emm, disculpen humanos, eso de la democracia nosotros ya lo hacíamos». 🦒🐵🐻

En la época moderna, la democracia ha sido vista como el sistema político más efectivo entre los seres humanos del mundo. Atribuida a la sociedad griega clásica, ha sido el modelo que ha regido a la mayoría de naciones en el planeta desde los procesos de independencia de los dos siglos anteriores, sin embargo, su origen podría no provenir de donde creemos: varias especies animales tienen democracias fuertes que las rigen desde los inicios de su existencia.

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No es la ley del más fuerte sobrevive, es la ley de los grupos con mejores decisiones.

Normalmente, cuando observamos la naturaleza, solemos pensar que las especies que conviven en grupos suelen ser lideradas por un cabecilla supremo que toma decisiones por todos los demás, sin embargo, las investigaciones de distintos científicos y biólogos a lo largo de los años han demostrado lo contrario. 

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Si bien la forma más común de liderazgo dentro de grupos como los chimpancés, las abejas o los elefantes se centra en un líder escogido, se ha logrado demostrar que todos ellos son guiados por las decisiones en conjunto, donde prima el bienestar de todos y la democracia se hace presente: cada miembro de la comunidad vota, no solo para la escogencia del cabecilla, también para tomar decisiones importantes sobre viajes, direcciones de vuelo, lugares de estadía, entre otras.

Según Herbert Prins, ecólogo holandés, los animales que viven en grupos han optado por formas de convivencia como la democracia, debido a el concepto de selección natural de Darwin, esta vez, aplicado a grupos. En este caso, la teoría no habla de organismos individuales más fuertes que tienen mayor probabilidad de sobrevivir, se refiere a grupos con rasgos particulares que les ayudan a sobrevivir juntos. 

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Esta idea se refuerza en que el pensamiento colectivo puede resultar más beneficioso para asegurar la sobrevivencia de todo el grupo, mientras que, las acciones de un líder único con todo el poder concentrado podrían traer consecuencias graves a los demás.

Desde el más grande hasta el más chico: todos buscan decisiones en conjunto.

El trabajo comunitario de las hormigas bajo la supervisión de una reina, las colmenas de abejas guiadas por una matriarca reproductora que cuenta con el apoyo de todas, ciervos que deciden por un porcentaje de votos mayor al 60% hacia dónde se moverá el grupo, búfalos donde las hembras toman todas las decisiones de movimiento y chimpancés donde el aspirante a líder debe contar con el apoyo de todos, en especial de las hembras y donde se suele aplicar moción de censura si el jefe no cumple las expectativas, son solo algunos de los ejemplos.

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Podríamos seguir observando los modelos de todas las especies que conviven en manada. Cada una de ellas tiene una forma particular de organizarse, incluso algunas sí se remiten al autoritarismo, sin embargo, la democracia sigue siendo la forma más común y aceptada para llegar a consensos y preservar sus comunidades.

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La próxima vez que pienses en Atenas como cuna de este modelo que prevalece hasta nuestros días, deberías voltear a ver los modelos milenarios de las especies animales, incluyendo a nuestro primo más cercano, el chimpancé.

Con información de: National Geographic, Huffington Post.