Adiós al elefante que fue esclavizado toda su vida, libérate y viaja en paz gigante noble

Adiós al elefante que fue esclavizado toda su vida, libérate y viaja en paz gigante noble

La mujer que lo salvó del trabajo forzado le alcanzó a dar algunos meses de felicidad, pero su vida se agotó y hoy debe decirle adiós.

Mae Mor, una preciosa elefante, fue obligada durante toda su vida a trabajar para una empresa como paseadora de turistas, casi no le daban de comer, la tenían amarrada de la pata a un grillete metálico con púas para que no pudiera escapar ni moverse libremente, la obligaban a caminar larguísimas jornadas bajo el inclemente sol, cargada de personas y pesadas maletas; esa fue su vida, la de un ser inocente que nada malo le había hecho a nadie jamás, condenada a la esclavitud.

Toda vida merece ser salvada.

Emily McWilliam, fundadora del santuario para elefantes Burm & Emily’s Elephant Sanctuary se enteró de la situación que vivía Mae Mor y durante mucho tiempo intentó que la empresa la liberara, pero sus “propietarios” se negaban, alegaban que les pertenecía y que debía seguir sirviéndoles.

Finalmente, cuando la pobre elefante cumplió 70 años y ya no era capaz de hacer su trabajo, por más que la obligaran, se la entregaron a Emily. Ella sentía mucha tristeza de que solo hasta ese momento la liberaran porque ya era una elefante muy viejita, estaba muy enferma y delgada, su vida estaba acabándose. No obstante, así fuera para que pasara un solo día de libertad, valía la pena llevarla al santuario, ofrecerle, por el tiempo que fuera posible, la vida que todo animal debe vivir.

Cuando Emily publicó en redes sociales que Mae Mor al fin venía en camino al santuario, recibió comentarios muy desalentadores: para algunas personas ella no debía gastar recursos en salvar a un elefante que poco tiempo de vida le quedaba, sugerían que lo mejor era salvar a uno joven que pudiera vivir muchos años e, incluso, reproducirse para ayudar a acrecentar la población de la especie, pero la mujer no se dejó amilanar, ella entendía muy bien que toda vida merece ser salvada y su corazón le decía que estaba haciendo lo correcto por Mae Mor.

Un terrible pasado que se aferra al alma de esta inocente elefante.

El comienzo de la vida en el santuario no fue nada fácil para Mae Mor, como todo ser vivo que es despojado de su libertad y de su dignidad, las secuelas del terrible pasado le impedían distinguir y mucho menos disfrutar la libertad. Una vida encadenada parecía haberse marcado muy profundo en sus recuerdos, en su alma. La elefante no se atrevía a salir del establo en el que la habían ingresado para que pasara la primera noche, como solía hacerse con todos los elefantes que llegaban por primera vez a las instalaciones. Aunque los cuidadores intentaban atraer su atención para que saliera, ella no quería, tenía demasiado miedo y parecía que no podía concebir una vida más allá de las cadenas que durante décadas la apresaron.

El equipo del santuario entendió que necesitaban ser pacientes, no había ningún afán, estaban seguros que Mae Mor encontraría la forma de aprender a ser libre, para eso estaba allí. Le dieron su espacio y el suficiente tiempo para que ella misma lograra vencer los obstáculos que su temor le ponía enfrente. Así fue, al cabo de unos días comenzó a salir, lo hizo lenta y progresivamente, paso a paso. Al principio salía apenas unos metros más allá del establo, luego un poco más lejos, si escuchaba pasos se escondía de nuevo, pero día tras día entendía un poco más que esas personas eran buenas y que ese lugar era el paraíso en el que siempre debió haber vivido.

Vientos de libertad.

Con el trascurrir de las semanas, su mirada cambió, su expresión también, parecía que por fin se estaba liberada, se veía feliz. Gracias a los cuidados de los médicos y de todo el equipo del refugio, subió un poco de peso y estaba más enérgica. Pasó de no querer salir del establo a explorar todo el bosque, estaba fascinada, se revolcaba en el lodo, iba de un lado a otro, comía hojas frescas de los árboles, atravesaba con ímpetu las quebradas e incluso a sus setenta años, corría, pero cómo no iba a hacerlo si pasó toda su vida encadenada?

También se volvió una elefantita bastante sociable, le tomó especial aprecio a Emily y cuando ella salía del edificio principal, siempre iba a su encuentro y la saludaba, solían caminar juntas por el santuario, visitando a otros elefantes.

Fueron solo cinco meses, pero gracias a Emily y a su enorme esfuerzo y compromiso, Mae Mor conoció la felicidad, se supo amada y se fue de este mundo sabiendo que los animales deben vivir en libertad, porque esta es hermosa, reconfortante, embriagante e irreemplazable.

“Si el amor pudiera haberte salvado, habrías vivido para siempre”

Las últimas semanas Mae Mor comenzó a debilitarse de nuevo, pero sus ojos no cambiaron, seguían vibrantes, era su cuerpo que ya había agotado su vitalidad, ya su vida había sido vivida y ahora debía emprender su viaje a la eternidad, dirigirse a un lugar donde las cadenas y la maldad humana jamás pudieran volverla a alcanzar.

El día que murió, entró temprano en el establo, no quiso salir más, se recostó y se durmió, nunca más despertó. Así se despidió de la vida, en el lugar donde se sentía segura, cerca al bosque que la hizo feliz en su última etapa, escuchando el sonido del viento y posiblemente, recordando el rostro de las personas que al final la amaron.

Para Emily fue una pérdida extremadamente dolorosa, pero se reconfortaba en pensar que al menos Mae Mor había alcanzado a rasguñar algo de felicidad. Escribió lo siguiente:

Amigos de Burm & Emily’s Elephant Sanctuary:
Es tan difícil encontrar las palabras. Con gran tristeza y muchas lágrimas les traemos la noticia desgarradora de que Mae Mor, nuestra dulce niña, ya no está con nosotros. Se acostó a descansar en las primeras horas de esta mañana. Pasó pacífica y cómodamente, cerró los ojos mientras yacía en el lecho de arena suave de su recinto nocturno y se fue a dormir por la eternidad. Mae Mor había estado recibiendo atención las 24 horas por una supuesta obstrucción esofágica. Nuestro equipo trabajó incansablemente bajo la guía de los veterinarios de TECC durante 21 días, habíamos visto ligeras mejoras durante la última semana y teníamos grandes esperanzas de que se recuperara. Nuestro equipo está absolutamente devastado.
Haremos una publicación en el blog cuando podamos.
GRACIAS a todos por su continuo apoyo, por seguir nuestra página y por ayudarnos a darle a la dulce Mae Mor la oportunidad de volver a ser un elefante.
Mae Mor, nos enseñaste tanto en tan poco tiempo, te extrañaremos mucho. Gracias por llegar a nuestras vidas, siempre tendrás un pedazo de nuestros corazones, 5 meses simplemente no fue suficiente. Si el amor pudiera haberte salvado, habrías vivido para siempre, dulce niña. 😢💔

El adiós.

Luego de las muchas lágrimas que nos hizo derramar esta historia, viene tal vez la parte más bonita de todo el relato.

Las personas que rescatan y salvan animales, suelen ser seres humanos extraordinarios: compasivos, empáticos y bondadosos, características difíciles de encontrar en la mayoría de personas, pues bien, Emily y todo el equipo que trabaja en Burm & Emily’s Elephant Sanctuary, son, además, muy especiales. Ellos todo lo hacen tratando de expresar significado, por ello el funeral de su amada Mae Mor no podía ser rutinario, mucho menos, común y corriente. Esta elefante merecía un adiós digno de su espíritu, fuerte y dulce a la vez.

Por ello, escogieron hacer un funeral budista: adornaron su tumba con flores, prendieron velas, escribieron mensajes y elevaron plegarias para acompañar a Mae Mor en su tránsito a la eternidad. Durante horas se quedaron junto a su cuerpo, despidiéndose y deseándole un buen viaje.

Ellos nunca la olvidarán y en sus corazones vivirá a través del amor que les inspiró.

Si quieres adoptar simbólicamente a un elefante de este santuario, puedes hacerlo directamente en su sitio web: Burm & Emily’s Elephant Sanctuary.